



![]() | > Los Chunguitos se despiden de la rumba El grupo quiere modernizarse, anuncia que a partir de ahora su nombre artístico será Hermanos Salazar y que cantará flamenco Se van pero se quedan. Sólo que ya no serán Los Chunguitos sino Hermanos Salazar, contesta rotundo José, con una botella de agua de la que no se despega. Pura energia y, como ésta, ni se crea ni se destruye, únicamente se transforma. Entusiasmados con esta operación de reciclaje, se despiden de lo que fueron cantando. No podía ser de otra manera. Ayer presentaron el disco «postumo» del grupo: «Buena suerte», toda una declaración de intenciones, que contiene doce temas inéditos. ¿La razón del cambio del nombre? Con desparpajo, Juan y José -que no dudan en afirmar que «sabemos cantar y tocar pero hablar se nos da muy mal»- sólo dan un argumento: «Porque nos apetece muchísimo». Sí, pero saben que la sombra de Los Chunguitos va a ser alargada, «pero no pasa nada, Alaska se llama Alaska y ahora se llama Fangoria, pero todo el mundo la conoce como Alaska, ¿no?», afirma José con esta especie de trabalenguas para decir que no reniegan del pasado, sólo que quieren pasar página. «Queremos ser más modernos, son otros tiempos», apunta Juan. La «modernidad» les va a llevar al flamenco, a las malagueñas o los fandangos. Según afirma Juan, José tiene una garganta privilegiada para todos los palos del flamenco. «¡Os puede dejar sordos!», exclama, a lo que Juan apostilla: «Vamos, que se da bien a mí lo del flamenquito». Las rumbas ya forman parte del pasado. Más de treinta años les contemplan desde que Juan, líder de este grupo de gitanos del madrileño pueblo de Vallecas entrase en una multinacional. Lo demás es historia. Su primer disco, «Dame veneno», del que vendieron unas cincuenta mil copias, le autopropulsó a la fama. Sus canciones sobre el amor, la familia, la dura supervivencia en los barrios marginales, la delincuencia o las drogas fueron la banda sonora de muchos jóvenes que se veían identificados en esas rumbas desgarradas, que se tatareaban en las celdas de las cárceles españolas. Así lo supieron ver los directores José Antonio de la Loma y Carlos Saura, que incluyeron temás suyos en «Perros callejeros» y «Deprisa, deprisa». Temas como «Ay, ¡qué dolor!», «Me sabe a humo» o «Mamá» les convirtieron en coleccionistas de discos de oro y platino, en los reyes de los «cassetes piratas» que se vendían los domingos en El Rastro madrileño o en cualquier mercadillo ambulante. De todo aquello, sólo tienen buenos recuerdos, «reventábamos las plazas de toros», y alguno malo, como la muerte de Enrique Salazar, que hizo tambalearse al grupo pero no le tumbó. De eso en concreto no hablan, no quieren hablar, como ahora tampoco quieren cantar temas sobre las drogas o la marginalidad. «No, no, de la droga no. Ya hay muchos problemas para cantar sobre más problemas. La droga que se vaya por ahí», afirma Juan con un gesto de desagrado. «Ahora vamos a cantar cosas bonitas y alegres para que la gente se lo pase bien, que ya no estamos para penas, ni lamentos. Son otros tiempos». De este renacimiento, anticipan poco. Apenas un dato: homenajearán a Rocío Jurado con la canción «Ayúdame, señor» y casi piden disculpas por ello. «Que nadie lo entienda como oportunismo, lo teníamos en la mente desde hace muchos años», apunta Juan, y José remata con un «y además porque nos apetece cantarla», que le sale del alma. Naturales y sencillos. Lo que tenga que venir, vendrá, aunque están seguros de que el público les seguirá apoyando porque si de algo han presumido es de ser sencillos. «Nosotros somos muy naturales, no vamos de roneo, como decimos los gitanos, ya sabéis, esos que van estiraos presumiendo de artistas. Somos sencillos», apuntan. Y sí que lo son: frente a otros estílos más sofisticados, ellos pasarán las vacaciones en Torremolinos, con la familia, comiendo pescaito y pasando alguna que otra noche rasgando la guitarra «con la brisita, que tú no sabes lo bien que se está. Cantar, ya cantaremos después. Ahora, lo único que estamos haciendo es componer temas y leer mucho a Machado, que nos inspira». |